viernes, 14 de noviembre de 2008

EL REMORDIMIENTO, 2007. 52 X 65 cms.


EL REMORDIMIENTO.
Óleo sobre tela. Precio: $ 4, 300
“El remordimiento”, dentro de todos los cuadros que hice en Canadá, considero que es el que más satisfecho me ha dejado porque es el que es más crudo, el más desolador y donde trabajé con más hambre de riesgo.
No sé si el personaje de la cama soy yo, ni tampoco importa mucho. Es un cuadro frío como la vida cuando estamos es adversidad, donde todo es frío y todo lo vemos negro. En la derecha hay una puerta abierta que da a un bosque bajo la luna llena, y en primer plano, unas zorras se acercan al umbral; la zorra, en la mitología japonesa representa el demonio, los instintos bajos del hombre. El espíritu de la zorra (o el zorro) acompaña a escritores, pintores o todo artista. Mi escritor favorito es el japonés Yukio Mishima (1925 – 1970), y cuando pinté esta “víctima” estaba leyendo uno de sus libros cruciales: “El pabellón de oro”.
Hay ojos flotando en las paredes, ojos dolientes cuya inspiración nació de los cuadros medievales de la pasión de Cristo que se exhiben en el museo de bellas artes de Montreal.
De lo que más me gusta, y que también intriga a los que han visto este cuadro, son las llamas azules que envuelven al personaje; quería conseguir un color frío y espectral, y los conseguí, después de varias combinaciones. Atrás del protagonista del cuadro, hay un ser más grande cogiéndolo de los hombros: el remordimiento, recuerdos, arrepentimiento, rencor. Todo aquello que nos come.
Por eso digo fehacientemente que no necesitamos meternos drogas, ni alcohol ni cualquier basura al cuerpo para crear: las verdaderas y peores estimulaciones son: el insomnio, el desamor, la desesperación o el hambre.

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